domingo, 13 de abril de 2008

ZONCERA N° 9: Salud Pública y Prosperidad Social, van de la mano.

En La Rioja son miles los obligados a sobrevivir con el mendrugo de un plan. El Estado nacional solventa los $150 de siempre, y el provincial agrega $100 para sujetar (no vaya a ser que se les desmanden), a todos y cada uno de los rehenes de la indigencia, cautivos sociales bajo un pomposo título: “jefes” de hogar.

Son 15.000 seres humanos desocupados, que entre otras cosas, padecen la institucionalización de una ofensa social cuando para llenar ciertos requisitos de la macroeconomía, son tomados, además, como ocupados por las mediciones con que se estiman los niveles de desempleo existentes. Desocupado e indigente cada uno de ellos, penando con su familia a la par, irremediablemente mal alimentada y peor vestida, sin techo posible, enfermos y deseducados. Todo con financiamiento del Banco Mundial.

No hay provincia más empobrecida que La Rioja, si de mostrar miseria se trata. Está estructurada sobre ella.

Con Presidente de la Nación riojano incluido (11 años ininterrumpidos), sumadas las gobernaciones provinciales del mismo cuño, más que triste, es imperdonable que hayan detentado el poder los mismos, durante los 25 años de gobiernos que lleva este último período constitucional, y que la política que proclamen un cuarto de siglo después, sea ¡la inclusión social!. Esta política e institucionalidad monopolizada, han producido más pobreza e indigencia. 15.000 es el siete por ciento del total que sufraga en cada elección, y a este número deberíamos sumarle las familias.

La pregunta surge sola ¿cuantos son los que están atrapados en las redes de la pobreza planificada?. Pregunta esencial que no solo refiere lo del efecto inodoro sobre los resultados electorales. Responde crudamente con una interpelación la pregunta del millón: estos gobernantes provinciales no son electos por el voto. Imponen que se les vote. Intiman a los indefensos a elegir ¡el voto ó te mueres!,... Es el Plan ó el foso de los leones...

No compran votos. Bajo una situación social desesperante “los toman por asalto”.

De tal modo, el sistema político, asentado sobre una realidad impuesta por un sector dominante, elabora soluciones que profundizan los problemas, y después sin sentido de vergüenza ni de culpa, los mismos creadores de la frustración popular vuelven a presentarse como adalides de la redención social.

Los grupos dominantes nunca entienden aquello de no puede haber una política social, sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.

Ramón Carrillo, médico y ministro de Salud Pública de la Nación por los años 50 del siglo pasado, sostenía en relación a sus responsabilidades al frente de un área estratégica del Estado: “...frente a las enfermedades que generan la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.” Y él, que había estudiado como curar combatiendo esos microbios, los atacaba en su verdadero origen, pasando a la historia por ser el pionero de la medicina preventiva. Su ciencia estaba al servicio de la salud, cuando evitaba con su trabajo, que la enfermedad llegara los seres humanos. Hoy nadie discute que prevenir es mejor que curar, salvo los políticos profesionales, a quienes los males endémicos como la miseria extendida, les son útiles para sus prácticas clientelares y asistencialistas. Hoy, a casi 60 años después de Ramón Carrillo, hay quienes se sirven del negocio de la enfermedad. Necesitan que haya enfermos para que funcionen clínicas “a cama caliente”, que la inversión en salud pública se llame gasto, y de ser posible “gasto 0”, así pueden “graciosamente” repartir medicamentos, en vez de erradicar las causas profundas del estado calamitoso de los seres humanos y de los servicios hospitalarios estatales. En definitiva, no se quiere combatir la pobreza estructural generada en la acumulación de capital en ricos cada vez más ricos, sino en llegar tarde al infierno de los indigentes con una aspirina, cuando el niño nació moribundo por ser hijo de madre desnutrida.

Realmente pobres causas son los microbios como causas de enfermedad. Pero que pobres de alma son nuestros funcionarios en Salud Pública, cuando bajo las insensibles directivas de sus patrones políticos, se solazan por los medios de comunicación, por la gran cantidad de internados que se atienden en los hospitales y porque llegó de vuelta la ambulancia que trasladó un paciente a la capital, trayendo muchos medicamentos, para la farmacia que nunca da abasto en el hospital público, porque justamente, si algo atenta contra la Salud, es “el negocio de los laboratorios de la enfermedad”. Empezando por el laboratorio político, fabricante de los peores genéricos: Los burócratas, los empresarios de la Salud y sus “microbios mascotas”, indigencia y pobreza.

Cuatro de Copas - Diario Chilecito

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