sábado, 1 de noviembre de 2008

ZONCERA N° 25: ...De 70 u 80 mil personas que visitan Talampaya, sólo el 5ó 6% viene a La Rioja, nuestra idea es ver si nos dan un área para que...

... podamos invertir ahí y mostrar La Rioja.

Esta expresión revela no solo una gran pobreza conceptual en materia de estrategia turística por parte del gobierno provincial. El pedido de un talampayita propio -que no sea parque nacional- mostró a las claras la estrechez de miras de Beder Herrera y una torpeza gestual justamente ante quien no debe hacerse, un Secretario de Turismo de la Nación.
Pedir la posibilidad de invertir en un rinconcito de un parque nacional, en una región turística reconocida internacionalmente, es transmitir una falta de visión e iniciativas de desarrollo, para con otras zonas que siendo soberanamente provinciales, pueden mostrar atracciones imponentes y distintas al turismo nacional e internacional. Y lo que es más importante, mantener los visitantes durante más tiempo en circuitos de La Rioja. Pero una cosa es lo que debiera haber sido y otra, la que fue.
Obviamente, tamaña desubicación del gobernante tuvo como lógica respuesta la inmediata negativa del funcionario visitante, simultáneo con el recordatorio de que “nos están atendiendo bien” (textualmente dicho por el gobernador) a la prensa pendiente y dependiente de las obviedades oficiales.
A propósito, en el marco de expresiones como “Producir y trabajar es la única solución” dichas en la oportunidad, resultaría bueno y hasta saludable, institucionalmente hablando, que el gobierno pusiera en práctica la vieja muletilla: “comenzar por casa”.
Porqué claro está que Beder conoce y recontraconoce cual es el polo turístico donde invertir y desarrollar, justamente porque nació en la región más importante de la provincia en esa materia: el Oeste riojano y sus zonas vecinas.
Pero claro, él quiere otro destino -si solo si lo dejáramos hacer, claro está- para el cerro Famatina y para el valle que involucraría una inmensa región, más allá incluso de los Departamentos, donde en toda su extensión se recuesta el nevado de impactante belleza inexplotada e inexplorada. Deliberadamente poco promocionada para la planificación, desarrollo e inmediata inversión privada y estatal.
Para Beder, el Famatina solo es una mina a entregar con reservas millonarias ambicionadas por las empresas megamineras que utilizan métodos y sistemas absolutamente contaminantes para la especie humana, su entorno, flora y fauna.
Sustancias tóxicas que envenenan el agua, el aire y la tierra con técnicas é insumos imposibles de controlar, determinan una minería sin sustento mínimo que la justifique, a no ser los negocios, negocitos ó negociados de personajes que han tomado posesión del gobierno provincial desde las épocas de Angel Eduardo Maza.
Para Beder el Famatina es un negocio circunstancial con intereses transnacionales, mientras -intrascendentemente-, intenta dibujar una imagen defensora de la riojanidad sobre Talampaya.
En tanto, proyectarán con Lhez y la Barrick -previas disculpas-, no solo interminables voladuras que borrará de la faz de la tierra el capital turístico que representa el Famatina para el presente y el futuro de este pueblo, además impulsan irresponsablemente con su accionar, nuestra inclusión en el mapa de zonas contaminadas que espanta la inversión en infraestructura turística, única garantía -bajo mínimos controles- no solo de salubridad en el desarrollo económico de la actividad, sino el presupuesto básico de un trabajo masivo, creciente y permanente en el tiempo, para la multitud de jóvenes que podrán ocuparse en una labor totalmente sustentable, porque funciona sobre la base conceptual de mantener el ámbito sano y el paisaje como capital principal de esta industria que servirá para todos y no para los cuatro vivos que ponen el mantel en la orgía política de un autócrata tan mediocre como torpe, que por una compadreada como la del talampayita propio, tuvo que bancarse que un Secretario de Turismo de la Nación le pase la factura de “lo bien que nos atienden” aunque los riojanos no sepamos de que cornos hablan, cuando hablan entre ellos. Ni estemos para orgías.
Habrá, sin embargo una nueva táctica de los Borgia, será “el llamado al diálogo” donde invitarán a ambientalistas funcionales. O los inventarán. Tratarán de institucionalizar la audiencia pública como instancia previa al implante de los hechos consumados. Habrá que estar atentos. No sea que aparezcan infames traidores a la causa del Famatina No Se Toca. O que los dibujen. No sea que haya quienes crean que se puede conversar con los envenenadores de las futuras generaciones. Habrá que estar atentos a los desafíos que vienen. Para que la paja no se mezcle con el trigo. Y que si se mezcla, podamos separarla. La causa ya está constituida en el pueblo. No es un club de corazones solitarios como creyó Beder al derogar la ley 8.137.
El pueblo riojano está movilizado.
Córdoba acaba de prohibir la megaminería a cielo abierto y no es que Schiaretti sea mejor o peor que Beder. Es que los cordobeses ya construyeron la opción del turismo. Viven en gran parte de la industria turística. Para los riojanos es desafío un Famatina turístico, contra el Famatina minero contaminante del Gobernador y los Borgias de su entorno: Para los riojanos es causa lo que para Córdoba es autodefensa. Ni nosotros ni ellos somos suicidas.

Cuatro de Copas