Uno se pregunta para qué sirve la voluntad popular que -según los entendidos-
tiene su razón de ser y existir, solo si en la sociedad existe una permanente práctica democrática. Entonces es cuando se concluye pensando ¿existe, se respeta realmente la tan mentada voluntad popular?Pensemos en los Diputados Nacionales para no ir a casos de menor cuantía. Aún cuando los resultados del análisis sean los mismos en todos los estamentos de representación de esta degradada voluntad de los electores soberanos, en esta democracia estafada cotidianamente, a la que nos someten quienes resultaron elegidos para expresar en el Congreso, la decisión oportunamente tomada por el pueblo en comicios libres.
Veamos la esencia.
Quien resulta electo Diputado Nacional (usted vaya nomás pensando a quien le puso su voto), es ungido Representante del Pueblo de la Nación Argentina.
Esto es, cualquiera de los 5 Diputados Nacionales riojanos pueden hacer leyes y gestionar actos del gobierno nacional, en beneficio del Bien Común a partir de esa delegación que la ciudadanía encomendó con el ¡mandato!, sí, de su humilde voto.
Cualquiera de ellos puede legislar desde una ley madre como el Presupuesto Nacional, hasta la creación de una escuela u hospital en La Quiaca, Tilimuqui o Guandacol.
Sin embargo pasan sin pena ni gloria año tras año, expresando en el parlamento la voluntad, cuando no, los caprichos del señor feudal provinciano. Para peor de males marchando a tientas – ¿o no los vemos?-, se agachan ante poderes que le parecen más supremos que la potente soberanía que debieran ejercer desde sus bancas, con solo recordar el voto que los pusiera en esa banca.
Su voto, el nuestro, el de los nadies que hacemos con un voto el todo de una Democracia.
Lo más triste es cuando se dejan ver en fotografías que nos humillan como pueblo. Los vemos sumisamente paraditos como sirvientes -y sonrientes- vasallos del gobernador, haciendo como que cumplen el patriótico deber de hacer lo que a este se le ocurra.
Ese permanente posar al lado de un improvisado sin brújula, y peor, acompañándolo como si tuviera la estrategia salvadora para una comunidad sumida en la desocupación y la desesperanza por los cesanteados en las industrias locales. Mostrarse -mediáticamente-, y en sociedad con la prensa mercenaria, como que acompañan a este gobernante por compartir con él las bondades de un plan maestro que salvará nuestro futuro. Cuando la única verdad que es la realidad (dicen) nos muestra que pasado ya el primer año de gobierno, lo único que ha hecho con la desocupación es profundizarla, burlarse de la Esperanza de los débiles quitándoles el trabajo seguro, a cambio de un subsidio perro y encima se ha colocado a nuestros representantes en el lugar exacto, para ser utilizados como lúbricos profilácticos, en su travestida relación con el gobierno nacional.
O si se quiere, peor aún, reducir las diputaciones nacionales a figurones que acompañan la mentira institucionalizada, que no nos lleva a otro lado que a mayores índices de pobreza e indigencia. Si, este gobernador, cumplido ya el 25 % de su mandato no ha hecho otra cosa que sentar las bases del caos económico y con ello gastarnos la paciencia para introducirnos la megaminería contaminante como única y excluyente salvación.
En este punto haga un respiro y pregúntese si lo que hemos elegido no son impostores, farsantes y traficantes de una política prostibularia que elegimos con ese papelito que se llama voto.
Y no, ¡no le eche la culpa a ese papel! Ninguno tiene derecho a hacerlo sin mirarse primero para adentro.
No fue otro que usted, el que tomó ese voto con su propia mano y lo depositó mansamente dentro de la urna. Pero no se culpe tampoco usted porque en realidad lo pernicioso es que nos hacen creer que cumplirán y después arrugan como un acordeón, mientras la pasan bomba por años y no se quieren volver para sus pagos respectivos por las caripelas que ya andan postulándose pretendiendo reelecciones.
Volviendo a lo de la voluntad popular y viendo como la tratan nuestros elegidos, ungidos y nunca bien ponderados diputados nacionales y si -en realidad- no queremos seguir siendo estúpidos, ya sabremos qué hacer con nuestro próximo voto.
Algún día será así. Llegará. Hay que construir ese día entre todos los que no queremos delegar nuestra representación en buscas e irresponsables de pollera o pantalón.
La historia no empieza cuando llegamos nosotros ni se termina cuando nosotros nos vamos.
Y esto es así no solo porque lo diga Diario Chilecito este viernes de diciembre, a 5 días de cumplir 25 años de recuperar la práctica del sano ejercicio de votar y de elegir, que no es otra cosa que la de saber seleccionar en Democracia.
Si por desatención propia o excesiva delegación se la damos a esos y esas sinvergüenzas que la pasan bomba con sueldos de privilegio, nosotros mismos fuimos dejándoles que destrocen la voluntad común, cuando transformamos el voto en acto de sumisión, en voto cuota, en fin, en el voto insulso; ese voto inodoro de donde no puede surgir otra cosa que lo que ¿supimos? elegir.
CUATRO DE COPAS
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